La Segunda Reingeniería de Monterrey – Lylia Palacios

Lylia Palacios

Para todos los que resisten la imposición del capital

El pasado 25 de julio fui invitada a participar junto con Juan Manuel Casas y José Juan Olvera en la mesa “El valor de La Indepe, porque de ahí es Monterrey”, organizada por Casa Naranjos, espacio subvencionado por el Tec de Monterrey/Distrito Tec. El siguiente texto es básicamente el que presenté en esa ocasión.

Monterrey está viviendo su segunda reingeniería y la está realizando la misma clase social que la convirtió en un desastre urbano y ambiental.  Desde finales del siglo XIX una élite empresarial ya conformada principalmente gracias al comercio, invirtió sus capitales en la gran industria manufacturera, actividad que caracterizó a la ciudad durante todo el siglo XX. Pero, hacia el término del siglo pasado los descendientes de esa élite empresarial han ido reorientando sus inversiones a la economía de servicios y nuevamente usa a la ciudad como uno de sus activos, transformándola a partir de sus necesidades.

El siglo XX, la ciudad-fábrica. Mediante la migración estimulada por la demanda de trabajadores Monterrey creció aceleradamente, y lo hizo con el desorden característico que conlleva el paso de una economía agrícola-comercial a otra fabril; con todas las alteraciones de usos de suelo, apropiación de recursos naturales, requerimiento de abundante fuerza de trabajo, urbanización precaria y desordenada, subordinación de gobiernos a las exigencias industriales, fea, sucia, etc. Así se formó Monterrey como ciudad industrial, cuya conformación siempre estuvo difundida por los empresarios como orientada al progreso para todos. lylia1

El siglo XXI. La ciudad-servicios. Con los cambios que trajo la globalización las terceras y cuartas generaciones de estas familias empresariales, optaron por seguir la tendencia de viejas ciudades industriales: sacaron las fábricas a las periferias (locales o globales), para continuar la acumulación de riqueza en las actividades terciarias (servicios educativos, hospitalarios, construcción, espectáculo masivo, turismo, etc.). El problema es que para hacer “bonita y glamorosa” esta ciudad hoy les estorba gente. Una solución para ellos es la gentrificación. La ciudad rediseñada por el interés económico. Aunque….

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Entonces, hablar hoy sobre la colonia Independencia, necesita ir más lejos que manifestar mi solidaridad con una comunidad que se opone a ser vista como objeto desechable, como una fábrica de fuerza de trabajo ahora “mal ubicada” territorialmente y que está resistiendo a ser desplazada por el frío cálculo económico de un grupo reducido (aunque, al igual que desde hace 100 años sigan diciendo que es “para progresar” y “por el bien de todos”). Además, si queremos acercarnos a la comprensión del valor histórico, sociológico, cultural, arquitectónico, laboral, vecinal, ambiental… de la colonia Independencia, hay muchos trabajos, algunos tan valiosos como los realizados por mis colegas aquí presentes, y más aún, contamos con la riqueza gráfica, testimonial y documental que esta comunidad en resistencia nos ofrece en el sitio de Facebook. Es decir, no hay manera de no saber qué está pasando, salvo por que no se quiera saber.

Por lo tanto, en este tiempo concedido quiero recurrir a la sociología histórica, no a la añoranza, pues como sostiene Lucien Goldmann, “todo hecho social es un hecho histórico e inversamente”, es decir comprender un hecho social solo es posible si comprendemos el proceso como proceso y entendemos sus raíces históricas. En resumen, nuestro presente es el resultado de la prevalencia del interés económico de una elite empresarial que tomó  la ciudad y lo sigue haciendo, como una más de sus propiedades. Bajo su dirección esta ciudad terminó siendo la más contaminada, la menos arborizada, la más polarizada en el reparto de la riqueza, una de las más violentas y una de las más pasivas políticamente… y súmenle lo que están pensando.

Podemos estar o no de acuerdo, estar más o menos informados, pero a fin de cuentas, todos estamos viendo cómo la maquinaria del poder económico y político en esta ciudad está avocada con prepotencia arrolladora a sacar adelante todos esos proyectos de reingeniería de la ciudad y la proyección hasta donde se sabe va en grande.

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Fuente: “Constitución-Morones Prieto, Sustainable Mobility Corridor”, 2014. Estudio pagado por el gobierno de Nuevo León. Agradezco al colega que le agregó las leyendas en español.

Y casi nadie estamos a salvo, hoy mañana, nos tocará. Como ejemplo está la primera fase del rediseño basado en “distritos” que está afectando a sectores sociales de bajo, medio y alto ingreso económico (la Independencia-Tanques-América contra la interconexión, el Frente en Defensa del Patrimonio Ciudadano contra el Distrito Tec y Vecinos Salvando San Pedro opuestos a los caprichos museísticos del alcalde Mauricio Fernández). Todos protestan ante un gobierno que ni los ve ni los oye.

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Por tanto, resolver los problemas de la ciudad implica replantearnos la dirección que ha tenido a lo largo de su historia, y decidir aprender a participar abierta y coordinadamente para reorientar el rumbo de nuestra ciudad, no tenemos más opciones. Esa minoría calculadora y rapaz (aunque aparente ser muy culta y amante de museos), va por todo lo que queda y no va a modificar su rumbo, porque son expertos en despojar. Que la historia de la creación de la colonia del Valle nos sirva de ilustración.

Expertos en despojo o cómo se creó la colonia del Valle. En el libro “Alberto Santos González. Constructor de sueños”, su biógrafo Carlos Gómez Flores relata, con cinismo casi ingenuo, la “gesta visionaria” de Alberto de crear una colonia para los ricos de Monterrey, la colonia del Valle. En el libro “Alberto Santos González. Constructor de sueños”, su biógrafo Carlos Gómez Flores, relata con entusiasmo embelesado la “gesta visionaria” de Alberto al crear una colonia para los ricos de Monterrey, la colonia del Valle.

A  principios de los años 40, encomendado a buscar terrenos en San Pedro para construir el Club Campestre, el entonces propietario de la fábrica de Pastas y Galletas La Industrial (antecedente de  GAMESA) se complació con una zona de múltiples propietarios dedicados a la agricultura. En las fértiles huertas de San Pedro se cultivaban vides, fresas y muchos vegetales que cubrían la demanda de las familias regiomontanas.

La riqueza del paraje le gustó al empresario no para invertir en actividades agrícolas sino para urbanizarlo y construir una colonia exclusiva para las familias ricas de la ciudad. Dice el biógrafo: “Alberto ya no quitaría el dedo del renglón sobre los terrenos de su interés y como tenía la experiencia de que todo lo que planeaba lo llevaba a cabo, puso manos a la obra.”

Entendedor de que el radical cambio en el uso del suelo sería problemático, lo primero que hizo fue comprar una propiedad en el valle, allí “acabó de convencerse de que había que adquirir todos los terrenos posibles con la idea de fraccionarlos. Así fue como siguió comprando terrenos, acción en la que se involucraron sus hermanos.”

Siendo ya propietarios de un buen número de terrenos los Santos pasaron a la fase legal para arrogarse el derecho a construir y desplazar la actividad agrícola y a quienes allí vivían. En septiembre de 1943 presentaron ante el cabildo Sampetrino su propuesta para desarrollar la nueva colonia. Y buenos para los negocios que eran, solicitaron en su escrito que con la inversión que harían para establecer una “colonia de lujo” todas las propiedades circundantes deberían tener la misma vocación, pues no sería bien visto tener  como vecinos a “ranchos agrícolas que demeritaran el valor del fraccionamiento.”

La descripción que en el libro se hace de las compras de terrenos, los precios que pagaron, las artimañas que usaron, etc., retrata de cuerpo entero el espíritu de empresarios decididos a todo con tal de realizar un gran negocio. Enumero algunos señalados en la biografía. El interés tiene pies: Alberto Santos realizó personalmente 117 tratos de compraventa. El plan maestro era adquirir por lo  menos 250 hectáreas al final compraron más de 400 has. Fueron pocos las adquisiciones de gran tamaño, la mayoría eran fincas menores de 1 ha, de 2, 4 y hasta 8 has., así, la mayor parte de las negociaciones se hicieron con propietarios pequeños, muchos de los cuales carecían de escrituras.

Y el cálculo y voracidad convertidos en virtud: “Las compras las tenía que hacer con sigilo para no despertar la codicia de otros posibles compradores y para que los vendedores potenciales no encarecieran el precio.” Aunque el biógrafo aclara que no se pagó a “precio de hambre”.

Este ejemplo de comportamiento empresarial retrata la esencia  de las prácticas a lo largo de su historia de una élite, para la cual el engaño, la rapacería y el despojo, así como el servicio que reciben de los gobiernos en turno se consideran parte de su “espíritu emprendedor, de arrojo y valor”. Y legitimado así, ¿por qué habría de ser diferente el comportamiento de los nietos y bisnietos herederos?

Efectivamente, el discurso legitimador sigue siendo similar, aunque ahora le llamen “visión inspiradora, retadora y factible” tal como subtitula el Tecnológico de Monterrey su proyecto de Distrito Tec. Tomando como ejemplo este video del mencionado proyecto, lo primero que subyace es la conocida y vieja concepción: el dueño del capital decide el diseño de la ciudad y dónde vive la gente, sólo que si antes era cerca de la fábrica, ahora será en algún edificio cerca del Tec, convertido en “un polo de atracción donde la gente quiera vivir”.

Como video promocional, la descripción y justificación del distrito Tec sigue la misma visión arrogante, cursi e ignorante tan propia de quienes ignoran o descartan todo aquello que no entra en el marco del interés particular. O cómo llamar a esta idea de comunidad que en el video se escucha: “Los espacios públicos de calidad son esenciales porque nos alientan a salir de los lugares habituales y encontrarnos con ‘el otro’ y esa es la única forma de conocernos y a la larga generar comunidad.” (Cursivas mías).

Y no puedo más que preguntarme: quiénes hoy encabezan la reingeniería de Monterrey,  ¿en verdad creerán que sus caminatas en Calzada del Valle es lo que los convierte en comunidad? ¿Ignorarán que San Pedro de pinta es efecto y no causa? Tan alejados están del mundo de “los otros” que no les significa nada la convivencia cotidiana de y por generaciones en colonias de asalariados como la Independencia, donde el trabajo en las mismas fábricas o en los mismos oficios, el pequeño comercio barrial, las broncas con la policía, la pobreza, la enfermedad, la violencia, pero también el baile, la música, el compadrazgo y comadrazgo, el intercambio de poditas de sus jardines, el caminar y verse a diario, los vuelve comunes… ¿No logran imaginar que todo eso y más es lo que crea comunidad?

Concluyo: 

  1. La recuperación social, económica y ambiental de la ciudad no puede seguir en manos de quienes solo han visto en ella un medio para enriquecerse.
  2. Esta política de distritación-gentrificación constituye tal vez una rara coyuntura que puede favorecer la reflexión y la acción intersectorial, acerca de quiénes son los responsables históricos del desastre urbano y social que es Monterrey.
  3. Es totalmente reprobable que el alto clero de la iglesia católica regiomontana en 2018, esté jugando el mismo papel que jugó hace 20 siglos en Las Cruzadas, bendiciendo a los invasores y despojadores con el aberrante proyecto del Memorial de la Misericordia en la cima de la Loma Larga.
  4. Finalmente, el asedio a los habitantes de la colonia Independencia para arrebatarle sus hoy preciados terrenos, no se resuelve con ninguna encuesta que no sea la ya hecha por los colonos mismos: “¡Nadie se va, todos nos quedamos!”
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Un comentario sobre “La Segunda Reingeniería de Monterrey – Lylia Palacios

  1. Fantástico texto maestra, concuerdo que la visión “emprendedora” de las élites regiomontanas (y sus derivadas) están trayendo más mal que bien, al menos para el mayor número de habitantes de la ciudad.

    Para evitar que siga dándose la gentrificación que tanto nos afecta sería mejor desarrollar proyectos que estén supervisados por verdaderos expertos en la materia, cuestiones de sustentabilidad y movilidad deben ser prioridad pues la ciudad, al cabo de unas décadas, no será nada más que una metrópoli en fase terminal.

    Le mando saludos.

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